Carrusel

CARRUSEL.

Ya no hay silencio que disimule angustias.
Carrusel de sueños que perdidos giran
en un compás de música de niños.
No hay orgullo que no se doblegue
al ritmo del gemir de un organito.
Los vientos van y vienen trayendo a los recuerdos
que se suben al carrusel transformando las horas,
los minutos … los segundos.
Nada queda dentro de mí en esos giros.
Cierro los ojos, y un revolotear de pájaros
giran al ritmo del carrusel.
Un invierno que va y viene sin decidir que hacer.
El horizonte está muy lejos y no alcanzo a ver
que hay más allá de él.
El mar sigue salado, y la luna está muy alta,
siempre fue así,
y todo se repite una y otra vez al compás del girar
como si estuviera bailando allá, en mi juventud,
donde ahí sí que los sueños eran locos y parecían eternos,
hasta que vino el viento implacable y adelantó las horas,
tan cruel, tan enemigo del rubor en las mejillas
y las alas en el corazón, que quería empezar con su vuelo
y solo terminó planeando, sin lograrlo.
La felicidad fue esfímera como el vuelo corto de un gorrión.
Y el tiempo, y el viento, y las horas corriendo,
todos se confabularon para que hoy esté sola,
sola con mi carrusel que agoniza estremecido
mientras arrastra en su cada vez más lento girar
a los sueños perdidos que se suben,
en un último intento, y frente a una noche fría,
no sienten vergüenza de clamar por un poco más de vértigo,
por un rato más de luna … unos minutos más de vida.
Y el carrusel, como un milagro,
vuelve a girar y hacer chirriar sus viejos goznes
acompañando a los sueños hasta sus últimos suspiros.
¡El viejo carrusel, ese fiel amigo !
OLGA

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