Los hijos de Paula.

LOS HIJOS DE PAULA.
El dolor, con el pasar de los días, en lugar de calmarse se agigantaba. Dante y Telma no tenían consuelo por la pérdida de su mamá y yo sentía un gran vacío, como si faltara un engranaje importante en la maquinaria de mi vida. Fueron pocos años los que viví cerca de Paula pero bastaron para conocerla en profundidad. Era un ser íntegro, de una calidez y personalidad que yo no había encontrado antes en ninguna otra amiga. Desde el día que me abrió las puertas , a mí, una extraña que se tomó el atrevimiento de pararse frente a su casa admirando y diría casi envidiando ese hermoso parque y el jardín como si fuera una pintura, un cuadro que hay que detenerse en silencio para apreciar centímetro a centímetro. Otra persona me habría mirado con desconfianza, dudando ante mi insistencia, porque ella misma me dijo que me había visto desde adentro, varias veces, en esa situación. En cambio abrió su casa sin conocerme y de la misma manera me hizo entrar a su vida brindándome su amistad. Ahora debíamos seguir esa vida sin ella. Me había confiado a sus hijos y allí estaba yo con mi cariño…como podía.
Casi todos los días seguía acudiendo a su casa. Si bien Sara, una buena mujer que hacía un largo tiempo estaba encargada de la limpieza y de organizar todo seguía atendiendo como si estuviera Paula, los chicos necesitaban de una compañia para hablar de sus cosas (como lo hacían con su madre) del colegio, compartir la merienda … o solo llenar un poco ese espacio tan grande que había quedado con su partida. Yo seguía vigilando el jardín, podando las plantas, regando para que la sequía no malograra nada y viendo que las hormigas no atacaran a los rosales. Luego iba adentro y veía que era lo que estaban estudiando y los alentaba para que no bajaran sus notas. Cada día me recibían con un beso y un “hola tía … pensé que ya no venías”, o “sabés como necesitaba que vinieras hoy?”…y me abrazaban fuerte y entonces me daba cuenta como extrañaban a su madre y de cómo necesitaban la presencia de alguien que les ayudara a transitar por ese difícil camino por el que trataban de seguir a pesar de todo. Yo solía quedarme hasta tarde, pero antes de la hora que acostumbraba a llegar Luis Alberto, partía. No quería encontrarlo. Mi desprecio hacia él iba en aumento. Nadie podía sacarme de la cabeza aquella imagen del restorán, cuando llegó abrazado a aquella mujer y su cinismo al vernos a Pablo y a mí. Por suerte Paula no se enteró de nada, aunque tenía sus dudas sobre el comportamiento de su esposo. Sus hijos ignoraban toda la angustia en la que vivía su madre y estaban convencidos que su padre era un adicto al trabajo y que vivía dedicado a su profesión , No seríamos nosotros los que le contaríamos algo, por el contrario, ahora solo intentábamos que los dos fueran apaciguando su dolor. Estaban en una edad difícil y necesitando mucho de cariño y comprensión y como su padre era una ausencia permanente, fuimos mi familia y yo los que ocupamos ese lugar, colaborando con ellos en todo lo que estaba a nuestro alcance. El día que yo no podía ir a su casa, eran ellos los que venían a la nuestra por la tarde. Se habían hecho muy amigos de mis hijas y era un gusto oírlos hablar y reír. Entonces Pablo intervenía en la conversación y se transformaba en uno de ellos contando algún cuento o cantando alguna canción y terminando riendo todos a más no poder. Yo los escuchaba desde la cocina y reía sola al oírlos que estaban felices y a gusto en casa. Después de cenar Pablo los llevaba en el coche y ese beso de despedida junto al “hasta mañana tía …te quiero”, me llenaban el alma como si fuera la voz de Paula que me lo decía.
Hacía tres meses apenas de su muerte cuando una noche, ya por irnos a dormir, tocan el timbre con insistencia. Al abrir la puerta Dante y Telma, en un mar de lágrimas se echan a nuestros brazos. No entendíamos nada y pasó un rato antes de que se calmaran y pudieran hablar. Les preparé un té y mientras lo tomaban lentamente, fue Dante, más tranquilo el que comenzó a hablar.
___No van a creer lo que pasó. Llegó papá del estudio, ya nos estábamos por ir a dormir porque como saben madrugamos para ir al colegio. Nos hizo sentar porque quería hablar con los dos con tranquilidad .¿ Saben para que, que nos dijo ? Que conoció a una mujer y que la va a traer a vivir con nosotros a casa. Que no podemos estar solos…. que la casa necesita la mano de una mujer…etc, etc, etc… Yo casi le doy una trompada ¿Se dan cuenta ? apenas hace tres meses que murió mamá y ya conoció a otra mujer ? ¿Tan poco la quería que ya la olvidó?.
Nos miramos con Pablo y con esa mirada nos dijimos todo. Tratamos de hacerles entender que todo eso debían hablarlo con tranquilidad. Tal vez no era que la olvidó sino que buscaba una compañia para él y para ellos también.
___Nosotros no necesitamos de la compañia de otra mujer … ni siquiera de la de él —dijo Telma volviendo a llorar.
___Nos dijo que se iba a hacer lo que él decía, nos guste o no nos guste y sino que ahí teníamos la puerta. Que dinero para nuestros gastos no nos iba a faltar, así es que mejor lo dejemos vivir en paz y que nosotros hiciéramos lo que nos parecía —concluyó Dante.
___Y fue cuando pusimos algunas cosas en un bolso y decidimos venir aquí. ¡Tío por favor queremos vivir con ustedes ! —Telma se abrazó a Pablo de manera suplicante.
Por esa noche los acomodamos como pudimos. Telma en la habitación de mis hijas y a Dante le preparamos una cama en el diván del living. Tampoco en ese estado podíamos mandarlos de vuelta. Mañana ya veríamos.
Por supuesto no pegamos un ojo en toda la noche. Pablo se fue a trabajar sin haber dormido ni diez minutos. Yo estaba muy inquieta por el cariz que estaban tomando las cosas. No me podía imaginar que pasaría con estos chicos si se enteraban que “esa mujer” no había aparecido en la vida de su padre ahora, sino que existía quien sabe desde cuándo. Cuando llegó Pablo de vuelta de su trabajo, me dice que lo había llamado Luis Alberto para “citarnos” esa noche a su casa para hablar. Yo me negué rotundamente a ir. Hacía un tiempo que había empezado un tratamiento sicológico. Después de la muerte de Paula, no conseguía centrarme en mi eje y comprendí que necesitaba urgente recibir ayuda. En pocas sesiones ya le había contado el motivo de mi angustia, de la pena que sentía por la sorpresiva enfermedad y luego muerte de mi amiga y de su dolor al presentir que su esposo la engañaba.
___Por lo general con esas enfermedades queda al descubierto el dolor vivido por esa persona, la angustia tremenda que atravesó. Si como usted me dice ella sospechaba del engaño de él, tal vez hasta tuvo la confirmación pero no se lo dijo a nadie. Todo ese dolor acumulado muchas veces explota en una enfermedad, por lo general, irreversible —eso me dijo el sicólogo a la tercera o cuarta visita que le hice. Yo no podía manejar el odio que iba en aumento hacia esa persona, despreciable, que para mí era el responsable por la desaparición de mi amiga. Así que no quería verlo para no empeorar la situación de los chicos. ¡Pobre Pablo ! tuvo que ir solo a ver qué era lo que quería de nosotros y que quería hacer con sus hijos. Pero no tenía la más mínima intención de retenerlos a su lado si no aceptaban que su “nueva mujer”—le dijo — fuera a vivir a su casa. Así que nos pedía que nosotros nos hiciéramos cargo de ellos. Que no teníamos que pensar en poner un solo peso, correría con todos los gastos, solo que si él tenía que elegir entre su mujer y sus hijos, no lo dudaba un segundo, porque sus hijos un día se irían y él estaba enamorado de esa mujer y no la iba a perder a causa de ellos.
Cuando Pablo llegó a casa, todavía estaba desconcertado por todo lo que escuchó de labios de Luis Alberto. Me abrazó muy fuerte y me dijo :
___En un momento sentí que nos estaba “vendiendo a sus propios hijos”—y los dos lloramos de impotencia e indignación ante tanta crueldad.
Tanto Dante como Telma respiraron felices cuando les dijimos de la mejor manera que encontramos y que “disfrazamos”, que su papá les “autorizaba” vivir en nuestra casa si ellos así lo querían. Felices nos abrazaron diciéndonos “¡si tío, si tía, queremos estar con ustedes!”.
Pablo, que hacía un tiempo estaba trabajando los fines de semana levantando una habitación pegada a la cocina, porque quería instalar allí un tallercito para hacer algunos trabajos extras, apuró la terminación de la misma para hacer allí el dormitorio de Dante. Él, feliz, lo ayudaba con gran dedicación . Se hizo inseparable de Pablo y cuando estábamos solos comentábamos lo necesitado que estaba del cariño y del ejemplo de la figura paterna. Telma compartía el dormitorio con mis hijas y realmente se desvivía para agradar y no causar ningún inconveniente. Por suerte se llevaban muy bien. Nos tentábamos con Pablo de solo escucharlas reír felices. En poco tiempo nos habíamos convertido en padres de cuatro hijos adolescentes. Todo iba volviendo lentamente a su lugar y yo solía decirle a Paula, mirando al cielo, que se quedara tranquila que sus hijos estaban a buen recaudo. Solo había algo que no podía cumplir y era el cuidado de su jardín. Desde que los chicos se mudaron a casa, no había ido más por el lugar. No pasaba ni por la vereda porque me hacía mal pensar que había otra mujer ocupando el sitio que era suyo … y ahora solo esperaba que ella me entendiera por no podar más sus rosales … ni combatir las hormigas.
Nos convertimos en una familia tan bien ensamblada, tan unida que tener cuatro hijos de este modo, nos parecía lo más natural.
Dante comenzó en la facultad de derecho (pensamos que tratando de agradarle al padre). Era un buen estudiante y un joven muy respetuoso y responsable. Nunca salía sin antes comunicarnos donde estaría. Lo mismo ocurría con Telma y mis hijas. Juntas salían de paseo o iban al cine o a casa de alguna compañera. Mi hija mayor y Telma empezaron medicina. La menor diseño gráfico. Tuvimos que agrandar la casa. Siempre están los albañiles haciendo algo. Es que somos tantos, el movimiento es continuo. Es un ir y venir de jóvenes que se reúnen a estudiar, o un fin de semana a “guitarrear”. Pero somos sumamente felices.
Pasaron ya varios años. Parece mentira, pero con tanto trajín no nos hemos dado cuenta. Solo cuando lo veo a Pablo, mi buen Pablo siempre acompañándome, con sus sienes con canas … o yo me descubro alguna arruga nueva, pienso en todo lo que pasó en nuestras vidas y siento que estamos cada vez más unidos y fuertes como una roca.
Hoy mi casa se vestirá de fiesta. Dante se recibe de abogado. Su padre le avisó “que no podrá ir a la entrega del título porque tiene un compromiso ineludible”. Dante no se siente molesto por ello. Por el contrario, diría que siente como un alivio que sea así. Junto a las chicas le preparamos una fiesta sorpresa. Pablo está muy elegante con su traje oscuro y yo me estreno un lindo conjunto de pantalón y chaqueta. Las chicas están hechas unas diosas y varios compañeros de Dante empezaron a mirarlas con admiración. Desde el escenario nos busca con la mirada. Todos levantamos la mano para que vea que aquí está su familia unida, acompañándolo. Pablo aprieta mi mano muy emocionado y sé que, igual que yo, pensó ese momento en Paula. Creo que estamos cumpliendo bien su pedido. Hasta ahora no hubo nada de que quejarse de nuestra parte. Los chicos nos han dado solo felicidad. Cuando Dante vino a nosotros con su título, nos abrazamos los seis como si fuéramos solo uno. Y yo me dije convencida :”esto no tiene precio … es la felicidad “.
OLGA.

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