El abuelo Felipe.

El abuelo Felipe.
Amaneció con una tenue llovizna.
____ Otro día en que fracasa nuestras ganas de ir a la playa y van…—dijo Mónica mirando por el ventanal.
___ El cuarto — contestó Josefina que los llevaba contabilizados.
___ Lo peor del caso es que cuando lleguemos de vuelta, allá empezará el calor insoportable e inaguantable — dijo Sandra preparando el mate ,que por esos días no tenía descanso. Pero al rato la llovizna se disipó y un tímido sol amagaba de a ratos con salir. Una bandada de gruyas cruzó el cielo por entre el pinar y con su graznido insolente provocó el alboroto entre las cotorritas , asiduas visitantes de la mañana, que saltaban desde los altos pinos hacia unos aguaribay que completaban el entorno de la casa.
Estando asi, sin obligaciones ni horarios que cumplir, mi amiga empezó a caminar por el parquecito que rodea la casa. Le gustaba imaginar cosas , como por ejemplo que al dueño del lugar también le agradaban las plantas frutales. Y lo pensaba porque había descubierto dos árboles de peras; dos durazneros; un árbol de mediano tamaño que creyó en un primer momento que era un ciruelo o un cerezo y luego descubrió entre la gramilla bien cortada como un cuidado cesped… avellanas !!. Un manzano al que solo le quedaba una pequeña manzanita verde, que por eso, por ser pequeña la dejaron en la planta.
___ Claro — pensó ella — acá anduvieron manos anónimas llevándose cuanto fruto encontró en los árboles … y también descubrió un hermoso ciruelo de gran porte que todavía lucía ramitas quebradas y un colchón de hojas en su alrededor que demostraba lo feróz que fue el asalto.
Entonces desfilaron por su mente las filas de árboles frutales que las callosas manos de su abuelo y su padre, un día fueron plantando. Los dos habían venido desde Italia. Su padre con tan solo cinco años. Su abuelo supo de los horrores de la gerra y de la miseria que luego le siguió. Por eso un día desafiando a la suerte decidió poner las esperanzas en la Argentina, país del que tenía referencias por otros compatriotas conocidos que habían venido un par de años antes y que hablaban maravillas de este suelo.
Y acá comenzó para ellos otra historia, por supuesto también de mucha lucha, sin descanso, de economía al límite hasta poder comprar un pedazo de tierra que para el abuelo fue tocar el cielo con sus manos. Y con los años pudo comprar otras hectáreas que estaban limitando con su pequeño campito y asi un día se convirtieron en chacareros propietarios. Pero todo fue con muchos sacrificios de parte de toda la familia. Eran épocas de trabajar la tierra sin las maquinarias modernas con que se cuenta ahora. El arado de mancera tirado por un par de caballos era el único elemento para rotular la tierra y tras él caminaba todo el día y sus brazos … y los brazos de su padre que con quince, diesiseis años también trabajaba de sol a sol junto al abuelo. Así convirtieron ese solar en un verdadero paraíso donde árboles frutales de todo tipo formaron montes de cítricos, de durazneros, ciruelos y damascos. Y rodeando la viña los perales y las higueras. Jamás mi amiga volvió a ver tanta variedad de frutales y es el día de hoy que el recuerdo del abuelo Felipe, tijera en manos podando aqui y allá; injertando naranjos y parrales con resultados asombrosos … Y luego ya de grande con su pelo blanco y su andar cansado, pero siempre haciendo alguna labor, atendiendo sus plantas hasta el último momento, sin descansar nada más que lo necesario, ese recuerdo siempre la acompaño.
Asi era su querido abuelo Felipe. No se porque hoy y en ese lugar tan alejado del escenario donde transcurrió su vida , donde vivió y murió … justo aqui, lugar en el que nunca estuvo, porque el jamás vacacionó, hoy de repente vino a visitarla, a estar con ella y acompañarla … tal vez porque ambos tenían una conexión muy linda. A ella la divertía oírlo hablar en italiano y él a propósito le pedía que le alcanzara algo y ella en su afán de complacerlo le llevaba un vaso, una silla, el sombrero… y el abuelo se reía con ganas entrecerrando sus lindos ojos que hasta se le humedecían de tanto reir y ella lo quería tanto y corria abrazando sus piernas , porque no tendría más de seis años y para su estatura el abuelo Felipe era un gigante.
Miró hacia la casa . Todos están listos para ir a la playa. Ella guarda su emoción , traga saliva varias veces y con la mente le habla a su querido abuelo:
___ ¿Vamos nono hasta el mar … ese mar que una vez te trajo desde tan lejos y aquí te dejó para siempre ?. Te cuento que hay días que las olas traen tantas caracolas que da gusto ver la arena mojada y la blancura de ellas brillando con el sol. Seguramente vos nunca tuviste la oportunidad de juntar caracolas.
Hoy ella es una mujer grande . Ya no es esa gurrumina preguntona que lo seguía a todas partes . Hoy ella decide llevarlo de la mano porque piensa que tal vez a el le hubiera gustado ver este mar tan azul , que después de su viaje lleno de incertidumbre y miedos no volvió a ver nunca más …el querido abuelo Felipe.
OLGA.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s