Lo que cuesta la felicidad.

LO QUE CUESTA LA FELICIDAD.

Cuando se apagó el motor del coche y Julián estaba por entrar a su casa, Adriana se encontraba temblando como una hoja. No sabía cómo encarar el tema. Llevaban casados doce años, de los cuales muchos fueron de angustia por no lograr lo que ansiaban, por no terminar nunca de ser totalmente felices. Julián tenía un trabajo estable y redituable con su estudio contable, atendiendo a varias firmas muy importantes. Vivían bien, nada les faltaba aparentemente. Tenían una hermosa casa construida a su gusto y medida. vacacionaban en lugares exclusivos y nadie pensaría que no eran felices. Pero bien dice el refrán que “no todo lo que brilla es oro”. Les faltaba lo que más habían deseado y por lo que hacía años venían sufriendo y sometiéndose a todo tipo de tratamientos, un hijo. Los dos hubieran renunciado, sin pensarlo dos veces, a todo lo que tenían por la dicha de tener entre sus brazos al fruto de su unión que habían concretado con verdadero amor. Adriana muchas veces pensó, sin hablarlo con nadie por supuesto, que al no poder tener su bebé, tal vez Julián con el tiempo se iría alejando de ella, dejándola de querer. Entonces su sufrimiento se multiplicaba.

Ya Julián hacía girar la llave de la puerta de entrada y ella seguía ahí parada, temblando, sin saber cómo comenzar a decir palabra alguna. Julián se alarmó al verla en ese estado y corrió hacia ella :

__Mi amor …¿que te pasa, que tienes, porque estás temblando de este modo? –ella como respuesta se largó a llorar abrazada a él.

___Adriana, te lo pido por favor ¿que tenés? — la llevó abrazado hacia el sillón grande y allí se sentó a su lado sin dejar de abrazarla en ningún momento. Ella no podía hablar y como respuesta a tantas preguntas le extendió una caja de evatest. Sorprendido lo abre y allí se encontró, lleno de sorpresa, con el resultado que tantas veces buscaron, anunciando un embarazo.

___Pero ¿qué significa esto? ¿Es tuyo? —Adriana ahora lloraba en silencio y más tranquila, como si la tensión se fuera aflojando lentamente después que Julián tuviera en sus manos lo que ella no sabía cómo explicar con palabras.

___Tantas veces vimos frustrados nuestros sueños que esta vez quise que fuera distinto, no decirte nada y sufrir sola si otra vez sufríamos una desilusión al resultar negativo. Pero hoy cuando vi el resultado me parecía que estaba soñando. En el primer momento pensé llamarte al estudio, pero …¿ qué te iba a decir y cómo? y decidí esperarte. Me parecía que no llegabas nunca, pero al escuchar que ya estabas aquí me quedé sin palabras y no supe cómo empezar._

__¡Que alegría tan grande … y que sorpresa inesperada ! pero ¿estás bien? ¡no te vayas a cansar …no hagas ningún esfuerzo ! ¿tenés algún antojo? — Julián la abrazaba fuerte y así estuvieron mucho tiempo, riendo y llorando …pero de felicidad.

Ahora comenzaba la etapa de visitar al obstetra seguido, chequear que todo marchara bien y llenarla de mimos. Todos los días al volver a su casa Julián le traía un obsequio, para ella o para el bebé. Ya no sabía dónde poner tantos peluches. La familia alborotada con la noticia iba haciendo correr la voz y comenzaron las manos de las abuelas, tías y amigas a tejer escarpines, batitas y mantillones ¿quién podía negar que esto no era la felicidad plena?.

Pero todo no era color de rosa en la vida de Adriana, más bien iba cambiando de tono con el paso del tiempo y la balanza le indicaba que subía rápidamente de peso. Comenzó a cambiar su figura esbelta y a tornarse gruesa y pesada. Le dolían las piernas y aparecían derrames como en un mapa, teniendo que dejar de usar sus tacones altos. Se miraba al espejo y la imagen que éste le devolvía la crispada de tal modo que en poco tiempo cambió su carácter. A los seis meses de embarazo había engordado tanto que parecía otra mujer. Julián la miraba arrobado y para él todo estaba perfecto, la veía más bella que nunca y acariciaba su panza. Entonces ella comenzó a llorar angustiada porque se veía fea y se le puso en la cabeza que su marido tendría otra mujer con la excusa de que ella estaba horrible y no se animaba a dejarla por lástima, por no hacerlo en ese momento del embarazo. Julián al principio se reía y hasta lo tomaba en broma :

_No seas tontita, si estás hermosa ! Yo no veo la hora de llegar a casa para verte e imagino como será cuando llegue el bebé ! —pero nada le hacía entrar en razones.

_¿Y si quedo así de gorda después de que nazca? ¡Claro, el señor está todo el día  afuera viendo a otras mujeres y yo acá, encerraba, cuidando el bebé sin tiempo para nada, ni para ir a la peluquería !

__¿Pero que decís Adriana? Un poco está bien, pero sinceramente ya me estás cansando con tu jueguito y tu planteo ¿qué estoy viendo a otras mujeres ?. Estoy todo el día fuera de casa trabajando y por suerte cada vez más. Al estudio se han agregado otras empresas recomendadas por clientes antiguos, solicitando mi asesoramiento y eso nos da una tranquilidad económica que nunca imaginé tener. Todo va bien, vamos a tener a nuestro hijo ¿qué más se puede pedir para ser feliz? nada, lo tenemos todo. No empañes estos momentos tan lindos con niñerías, te lo pido por favor.

Pero nadie podía sacar de la cabeza de Adriana la idea de que Julián tarde o temprano la iba a dejar y muchas veces pensó si no hubiera sido mejor no haber concretado nunca el embarazo. Lo que para Julián eran horas de ansiedad esperando el parto, para Adriana parecía ser los momentos previos que vive un condenado antes de la ejecución.

El obstetra le aconsejó que buscara ayuda psicológica porque la veía que iba por muy mal camino y él, no podía desviarla del mismo sin ayuda de otro profesional.

Llegó el momento tan esperado del nacimiento y mientras Julián estaba tan emocionado que lloraba por todo, Adriana no veía la hora de que su cuerpo volviera a ser el de antes.

Y nació Martín, un bebé hermoso, rozagante y regordete y su padre lo mostraba a todos feliz y lleno de orgullo. Pero a la vez notaba que Adriana no era la madre amorosa que él pensó que sería y día tras día la desilusión lo iba ganando. Llegaba a su casa y casi siempre encontraba a su hijito llorando porque su madre no le prestaba la atención que debía por hallarse haciendo sus ejercicios o en la sección de masajes para reducir su figura. Entonces las cosas empezaron a andar muy mal en la pareja. Las peleas eran pan de todos los días y las recriminaciones iban y venían.

__¿Cómo puede ser que descuides a tu hijo, solo para verte vos bien ?

___Lo que supuse … debes tener otra que te llena la cabeza, cuando no sabes apreciar que lo que hago es para mantenerme bien para vos, para que no me dejes de querer !.

Y mientras Martincito crecía y lo llenaba de felicidad, también crecía en Julián algo que no podía decifrar si era rencor, rabia o que … lo cierto que ya nunca pudo hacer que su amor remontara esa cuesta.

Cuando Martín cumplió sus dos añitos …ya no quedaba nada de lo que una vez fue un gran amor.

Se separaron para no seguir haciéndose más daño, aunque ella seguía insistiendo que Julián la había dejado por otra mujer …y él empezando una vida solitaria y triste. ¡Pobre Martín !

OLGA.

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