Los dientes de Pelonchito.

Los dientes de Pelonchito.

Llegó corriendo y llorando mientras llamaba a su mamá. Pelonchito había salido temprano en un descuido de su mamá. Cuando vio salir a su papá arrastrando la bolsa donde al volver, la solía traer llena de alimentos de todo tipo. Pelonchito ( su nombre se debe porque al nacer lo hizo con un mechoncito de pelo duro justo en el medio de su cabecita y su mamá exclamo ¡Dios mío, como haré para peinar ese peloncho! ) y así quedó bautizado el pobre : Pelonchito.
En realidad era muy raro porque ni sus padres, abuelos, tíos, ni ningún miembro de la familia tenía esa particularidad que los distinguía. Como les contaba, Pelonchito llegó corriendo y llorando. Su madre, que ya estaba alarmada al no encontrarlo en toda la mañana ni en su camita, ni en algún rincón como solía encontrarlo jugando, ni por los alrededores donde sabía estar cuando jugaba en la calle, salió secándose las manos el delantal que solía ponerse para hacer las tareas. Debo aclarar que la familia Rato eran muy apreciados en la comunidad de ratas a la que pertenecían. Eran muy solidarios con las demás lauchas, ratas o ratones cuando se encontraban en algún apuro.
Hacía unos días nomás habían socorrido a un joven vecino a quien una trampera colocada de manera artera en la fiambrería del barrio, casi le corta una pata cuando intentaba tirar de un pedazo de queso para llevárselo a su cueva. Los gritos desesperados: __ Socorro, socorro…socorroooo —en medio de la noche, despertaron a varios vecinos, los Rato entre ellos.
Corrieron a la fiambrería, porque de ahí venían los gritos, entrando por ese agujero que todos ya conocían, porque sabían de la maldad de esos humanos que para hacerles daño, no encontraban otra explicación al hecho, colocaban esos aparatos raros para cazarlos y causarles la muerte a muchos de su comunidad como ya había pasado.
__¿Que, acaso éste no era un negocio que tenía alimentos ? ¿Para que los tienen entonces ? —dijo don Rato en esa ocasión y muy indignado.
__Más vale que lo cierren, si así tratan a todos los que van al negocio. ¡Es que tienen una maldad en las venas !—dijo un ratón ya casi anciano, con años de experiencia en eso de andar esquivando a los humanos.
Entre todos hicieron palanca con un cuchillo que encontraron sobre el mostrador y así pudieron sacar al pobre ratoncito, un tanto ingenuo todavía debido a su corta edad, que nunca se había encontrado en una situación así, ni imaginaba de lo que era capaz la maldad de alguna gente.
__Tenés que tener mucho cuidado, abrir bien los ojos cuando uno entra a un lugar desconocido —le decía don Rato, mientras le entablillaban la patita con dos escarbadientes y la envolvían con hilo lonero que siempre guardaban para emergencias como ésta.
Le llevó varios días a este ratoncito para que su pata sanara. En eso pensaba doña Rato, mamá de Pelonchito y en los peligros que había por ahí, mientras ya no sabía dónde buscar a su hijo. De repente reconoce el llanto y la voz de su pequeño y salió presurosa a su encuentro.
__¿Donde estabas, que te pasó Pelonchito?.
__¡Ay mami … mis dientes !—decía entre sollozos de dolor.
__¿Que les pasó a tus dientes?—decía su madre mientras le tomaba la cara con sus dos manos y veía la sangre que manaba de su trompita.
__ ¡Creo que los perdí. Algo muy duro que mordí me aflojó los dientes y me duelen mucho ! —lloraba amargamente.
__Ahora mismo vamos al consultorio del doctor Ratonselo a ver que dice al respecto.
__Pero mami, me va hacer doler mucho más —gemía, mientras su madre casi a la rastra lo metió en la cueva del dentista. Apenas lo vio, Ratonselo sacudió la cabeza y le dijo en forma de consejo:
__Ahora ya no te puedo hacer nada. Eso solo se irá sanando. Por un tiempo tenés que comer solo cosas blandas. Pero tenés que saber algo; para los de nuestra comunidad los dientes de adelante son nuestra arma de trabajo. Sin ellos no podemos roer ningún alimento y terminaríamos muriendo de hambre. Por eso es muy importante el cuidado y la limpieza de los mismos.
Doña Rato escuchaba atenta y asentía con la cabeza a todo lo que el doctor decía. Ya en el camino de regreso encontraron a su esposo que arrastraba la bolsa cargada de alimentos que llevaba para su familia.
__¡No sabés viejo lo que le pasó a Pelonchito! Mirá como tiene los dientes.
__¡Dios mío! —dijo don Rato ___¿Que fue lo que mordiste ?.
__Un pedazo de queso de rayar de la fiambrería.
__¿El queso de rayar te rompió los dientes? Vamos para allá y me lo mostrás y te aseguro que de a pedazos lo traigo para casa.
Cuando llegaron al lugar y Pelonchito le mostró el trozo de queso, su padre no lo podía creer.
__No hijo, esto no es queso. Es una piedra con apariencia de queso. Otra vez la maldad de los humanos tratando de hacernos daño.
__Perdóname papá, pero es que yo tenía muchas ganas de comer queso y hasta sentía su olor.
__Vamos a casa y te prometo que ésta noche vengo y te llevo el más sabroso que encuentre.
Y yo me quedé pensando en todas las especies, sea cual fuere … ¡Que no hace un padre para satisfacer los deseos de un hijo !.
OLGA.

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