Las vacaciones de Lina.

Las vacaciones de Lina.

Salió de la casa y la recibió el fresquito de la mañana de ese mes de Enero donde la llovizna del día anterior hizo que tuviera ese respiro. Se alegró de haber pensado en llevar un saquito sobre sus hombros. Aunque seguramente al medio día ya sería un estorbo. No tiene apuro para volver, como ella misma se dice, ” está de vacaciones´´. Aunque en realidad los que están de vacaciones son sus patrones.
Adelina llegó a la capital desde su provincia de Entre Ríos, donde el hambre y la miseria golpeaba fuerte en ese rancho que era su hogar junto a sus padres y seis hermanos más. Ella era la segunda y seguía a su hermano Eusebio que, también muy joven dejó su casa. Su padre era domador de potros y lo buscaban de las estancias grandes para que amansara a sus caballos. Solía faltar temporadas largas y cuando regresaba lo hacía sin un peso, perdido todo entre el vino y el juego de la taba y encima si su mujer o sus hijos le decían algo los castigaba duramente a rebencazos. Así que desde muy chicos salían a ganarse la vida como podían para poder comer. Su madre, sufrida mujer, ya ni hablaba, ni lloraba. Se lo pasaba criando hijos entre el vaho del vino y los malos tratos.
Eusebio con trece años se fue a trabajar a una estancia de la provincia de Corrientes, entusiasmado por unos arrieros que pasaron por la zona llevando una importante cantidad de hacienda vacuna para ese lugar; así que empezó siendo boyero y al llegar a la estancia después de varios días y al hablarle los arrieros al patrón de lo bien que se había desempeñado, lo tomaron como peón.
Adelina trabajaba en un campo cercano de donde vivía, cortando yuyos todo el día con una asada. No era mucho lo que le pagaban pero de ese modo se iban rebuscando para comer; eran tantos y con su padre no podían contar para nada por su afición a la bebida y a veces rogaban para que estuviera lejos de la casa, al menos solos, no tenían a su látigo castigándolos.
Un día le hablaron de ir en busca de trabajo a la capital. La entusiasmó una amiga, también cortadora de yuyos como ella, que se iba a trabajar en una casa de familia de unos conocidos del dueño del campo donde vivían. Eran gente rica, le dijo, que se daban el lujo de tener sirvienta. La madre de Adelina la alentó para que se fuera ella también, la vida allí se había vuelto muy difícil y la pobreza los cercaba por los cuatro costados.
__Acá vas a terminar teniendo la vida que tengo yo, llena de hijos y en la miseria más grande. Sos joven hija; ojalá yo hubiera tenido una oportunidad así.
Así que las dos amigas abordaron el ómnibus que las llevó a la capital, con miedo, pero también con esperanzas. Su amiga (Rita se llamaba) llevaba un papel con todas las indicaciones de como tenían que hacer al llegar a la terminal. Que ómnibus tomar, hasta la altura tal de la calle tal. Todo llevaba anotado, pero no obstante el miedo a lo desconocido las embargó a las dos.
__ Vos vas con trabajo seguro ¿ pero yo que haré si no consigo nada y sin plata para volver? —decía Adelina casi al borde de las lágrimas.
Llegaron hasta la casa de la calle Alvear 870, tal como lo tenía anotado Rita, sin ningún contratiempo, luego de caminar cinco cuadras de donde bajaron del ómnibus. Adelina tenía apenas quince años y Rita uno más. Paradas frente a la casa esperaron un buen rato después de tocar el timbre. Salió una mujer de unos treinta años muy bien vestida. Las dos se sintieron menos que una hormiga ante esa elegante mujer.
__¿Que desean ? — les dijo mientras dio una mirada a las dos valijitas de cartón que estaban en el suelo, una al lado de cada una.
__Yo me llamo Rita señora y …
__A si, Rita, la chica que me mandan desde Entre Ríos. Pasá — dijo la mujer indicándole el camino __Te estaba esperando. Veo que te orientaste bien para llegar ¿ y esta chica ?.
__Vino conmigo para ver si consigue algún trabajo por acá. Es mi amiga y es muy buena y trabajadora también.
__Bueno, pero yo trabajo para las dos no tengo. Aunque … dejame pensar. Tengo una amiga que la chica que trabajaba en su casa se casó y se fue a vivir fuera de la ciudad. Esperen aquí que la voy a llamar.
Rita y Adelina rogaban en silencio que la mujer dijera que sí. Se miraban las dos sin hablar. La oían decir ”parece buena chica´´. Cuando volvió les dijo sonriente:
__Listo, mañana viene y si le parece bien te da trabajo. Por hoy te quedás acá, eso sí, se van a tener que arreglar las dos durmiendo en una cama —y las llevó hasta el fondo de la casa, donde al lado del lavadero estaba la habitación de servicio con un baño al lado.
__Supongo que se querrán dar un baño después de semejante viaje. Allí tienen toallas, jabón y todo lo necesario. Después comemos algo y desde mañana Rita empezás con tu trabajo.
Cansadas por el viaje y las emociones, pero felices por los resultados, se durmieron esa noche de un tirón, esperando el nuevo día.
Por la mañana llegó la señora Marta que luego de hacerle algunas preguntas tales como:
__¿Pensas ir seguido a visitar a tu familia ? no sea cosa que me dejes plantada cada tanto para volver a tu casa. Así a mí no me sirve.
__No señora, yo tengo que trabajar para ayudar a mi familia, ya veré como les puedo mandar lo que gano —dijo tímidamente Adelina.
__Bien ¿ cómo te llamas?.
__Adelina señora.
__¡Que nombre te pusieron hijita ! mirá, desde ahora vas a ser Lina ¿ no te gusta más, no es más lindo ?.
__Si señora, como usted diga. Es lindo.
La señora Marta había ido en su coche, así que luego de un rato de charla con su amiga, le dijo ”vamos Lina´´. Lina estaba impresionada. La ciudad era muy grande, había mucho tráfico y ella nunca había visto tantos coches juntos, pero la señora manejaba muy bien. La casa era hermosa. Acostumbrada como estaba al rancho de barro y a la tierra pelada, se juró hacer todo bien para conservar ese lugar. La familia estaba compuesta por el esposo Julio y dos hijos , un varón de doce y una nena de ocho años que la recibieron muy bien. Le asignaron una habitación al fondo de la casa, al lado del lavadero, parecida a la que le dieron a Rita. También tenía un baño pegado, para ella sola. Se ve que en la ciudad es todo así, pensó. Todo eso era un lujo para ella.
Escuchó con mucha atención las indicaciones que le dio la señora sobre todo lo que debía hacer.
__Si señora, le pido una cosa. Usted réteme si no lo hago bien. Lo que pasa que yo no estoy acostumbrada a vivir así. Nosotros somos muy pobres y yo se trabajar mucho y bien en el campo … pero hacer estas cosas, no se mucho, más bien nada, pero aprenderé.
__No te preocupes Lina — dijo Marta riendo — vas aprender más pronto de lo que pensás. Y no te voy a retar, sino que desde ahora vas a ser parte de la familia.
A Lina le parecía todo un sueño y pensaba: ¡ ”si me viera mi mamá´´!.
Y así fue, le tomó la mano a la casa y al trabajo y se alegraba cuando su patrona le decía:
__Que suerte que tuvimos al encontrarte; sos tan buena y honesta como pocas personas he conocido.
Sus patrones acostumbraban a ir de vacaciones en el verano y siempre le prometían ” alguna vez te vamos a llevar´´, pero fueron pasando los años y esa oportunidad no llegaba nunca, porque llevaban amigos de sus hijos; otras porque iban algunos familiares y nunca había un lugar para ella. Así cumplió veinte años, veinticinco … la vida pasaba y solo tenía la alegría de poder hacer un giro cada dos meses y mandarle su sueldo, casi intacto, a su madre. Ella se privaba de todo. Ropa no necesitaba porque no iba a ningún lado y la señora Marta le pasaba todo lo que ella ya no usaba. Hasta en dos oportunidades que Rita volvió al pago a pasear le mandó a su mamá ropa para ella y para sus hermanas que ya estaban grandes.
Los chicos de la casa también crecieron y ya no viven más allí. Cada uno tiene su departamento y cada tanto la llevan para que se los limpie y ordene. No hay que olvidar que ella era como de la familia.
Si bien el trabajo había mermado un poco al ser menos, pero su vida seguía igual. Ya ni siquiera tiene cerca a su amiga Rita, Hace unos meses se casó y se fue a vivir a Pergamino.
Cumplió treinta y ocho años y ese día recibió la triste noticia que su madre había muerto. Ni siquiera pudo ir porque sus patrones habían viajado y la recomendación era: ”no vayas a dejar la casa sola por ningún motivo´´. Lloró amargamente, pero dentro de todo tenía la tranquilidad que la vida de su madre y hermanos había cambiado gracias a los giros de dinero que pudo hacerle por tantos años. No importa ya que ella se sienta tan sola. Al menos tuvo la suerte de vivir en una casa confortable con pisos …y no pisando siempre la tierra, aunque esa casa no fuera de ella.
Cuando sus patrones volvieron y se enteraron de lo de su madre le dijeron:
__Total ya no podías hacer nada.—y a modo de consuelo le dijeron:
__El año que viene te llevamos de vacaciones con nosotros.
Y llegó el verano y con él las vacaciones. Lina estaba emocionada porque conocería el mar … o las sierras, todavía no le dijeron donde irían.
__Mirá — le dijo don Julio __Pensábamos llevarte pero no conseguimos a nadie de confianza como sos vos, para que se quede cuidando la casa.
Una vez que el coche arrancó, Lina entró a la casa y se puso a llorar a gritos. Después de todo ¿ Qué es lo que ella había hecho mal en ésta vida, se preguntaba ?.Se durmió llorando.
Al día siguiente se levantó temprano. Tomó unos mates e hizo la lista de lo que debía comprar. Alimento para el perro, pan, algo de fruta…
Salió de la casa y la recibió el fresquito de la mañana de ese mes de Enero donde la llovizna del día anterior hizo que tuviera ese respiro. Se alegró de haber pensado en llevar un saquito sobre los hombros. Camina despacio; no tiene apuro por volver. Como ella misma lo dice : ”está de vacaciones´´.
OLGA.

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